Doctor del siglo XIX
A veces me pregunto que diagnosticaban esos doctores de 1800’s. No existía la ciencia moderna, ni siquiera se habían descubierto cosas como las bacterias, sin embargo, ya había doctores… ¡Qué osado es el humano!
Imaginen la escena, un adinerado lord inglés siente una fuerte dolencia que lo tiene atado a la cama, llaman al doctor de la familia, el médico llega en un lujoso coche, se baja solemnemente, usa sombrero de copa y lleva un maletín de cuero negro. Ajá, ¿qué lleva en ese maletín? ¿Aspirinas? No, no se han inventado. ¿Alcohol? Es posible, sería una botella de whisky para darle a los pacientes que vaya a amputar. ¿Qué más lleva? Instrumentos primitivos, sin esterilizar, tirados al fondo del maletín junto a los muchos billetes que cobra.
Pero claro, eso no lo sabían en aquellos años. El doctor entra al cuarto del adinerado inglés y pide a todos que se retiren, todos menos la esposa; el doctor procede a examinar (lo que en esa época no era otra cosa que poner el oído en el pecho del enfermo y luego mirarlo fijamente), no quería hacer esto pero bájese los pantalones; el paciente, con ayuda de su señora, deja su ano expuesto; el doctor se arremanga la camisa y mirando al paciente le dice, no se preocupe, me desinfectaré las manos, el doctor procede a sacar un queso e introduce el dedo índice en él, la pareja suspira aliviada, el doctor, ya con el dedo libre de bacterias y cubierto de queso procede a introducir el dedo en el ano del paciente, el paciente se queja de manera muy educada, el doctor saca el dedo y dice, está claro, este ano está seco como el mismísimo desierto del Sahara; señora, disculpe que pida esto, pero es en nombre de la ciencia, ¡bájese las bragas! la pareja se mira, el enfermo asiente, la señora se acuesta a su lado y el doctor introduce el dedo en el ano de la señora, la señora llora un poco, el doctor saca el dedo y lo muestra, ¿ve? un ano perfectamente lubricado, sano, como el que podría tener el mismísimo Rey Jorge V.
El doctor se limpia la mano con la cobija y se dirige a la ventana, mira el hermoso paisaje dando tiempo a que el paciente y su esposa cubran sus anos, se voltea lentamente y dice, en toda mi carrera médica jamás había visto un caso de ano reseco tan aterrador, voy a necesitar hacerle una transfusión de sangre, consigan al mejor toro de Gran Bretaña.
Conseguir al toro tarda cerca de una semana, una época muy lenta, el paciente está al borde de la muerte, el doctor asesina al toro, la transfusión empieza a traves de unas vías intravenosas hechas de fieltro, el paciente se siente momentáneamente mejor, probablemente la mejoría sea solo psicológica, causada por la impresionante imagen de un toro de cientos de kilos muerto a su lado, dándole su poderosa sangre. El doctor sonríe satisfecho, no queda más que esperar, le dice a la mujer.
Al otro día el paciente está muerto, el doctor abraza a la mujer que llora y le dice, cuando el de arriba quiere llevarse a uno de sus hijos, no hay ciencia que pueda hacer nada, fue un gran hombre.
En la época actual se habría sabido que el paciente realmente tenía un problema en el miocardio.
Gracias “doctor”.
Escrito por Led Varela Bargalló - @LedVarela

Jajajajajajajajajajajaja.
WTf jaja
jajaja q loco
No hay que usar los términos “médico” y “doctor” de forma intercambiable. No es lo mismo.
Quizás dentro dos siglos veamos a ciertos “procedimientos médicos” actuales como un verdadero asesinato…..! Es algo inevitable..!
Tienes talento, pero eres muy inconstante. Ya abandonaste este blog, como abandonaste Sopa, seco y Jugo, como abandonaste TR
en la actualidad hay muchos matasanos que se dedican a lo mismo, cobrar y cobrar… y el diagnóstico es el mismo: “intestino irritable”…